Por: Diógenes Armando Pino Ávila
A mis nietos. Porque hacen posible, que a mis años, todavía tenga sueños de niño.
Sentado en un taburete el anciano escucha el intimidante rugido del río. Está inquieto. Mira con ternura a su nieta, que inocente se columpia en el chinchorro. Pensativo toma a pequeños sorbos el humeante café que le trajo su mujer. Con el sombrero se abanica, trata de desprender de su cansado cuerpo el sofocó del sol recibido en la...