
Por Diógenes Armando Pino Avila
Fue a comienzos de diciembre, cuando llegó mi hermana. Ella trabajaba de enfermera en el hospital de un pueblo cercano al nuestro. Llegó de descanso por cuatro días. Con ella trajo a Antonia, una negra esbelta de escasos 15 años de edad.
La presencia de Antonia en la casa, desde un comienzo me perturbó. Era de espigada estatura. Sus labios eran carnosos y rosados y resguardaban unos dientes blancos, que en todo momento...